Hernán Salamanco presenta Mirador en Smart Gallery

Hernán Salamanco presenta Mirador en Smart Gallery

HERNÁN SALAMANCO MIRADOR

Mirador refiere tanto a un lugar físico o geográfico desde donde observar  con cierta distancia y perspectiva el afuera, la naturaleza, el paisaje; y el adentro con las emociones y sensaciones presentes en la construcción poética de la obra. Un doble juego en el que los roles pueden intercambiarse entre el artista y el espectador.

El hilo conductor se presenta en el gran formato elegido por el artista. El tamaño empequeñece al espectador, lo coloca en el lugar de niño. Lo libera de pre conceptos. Emociones puras, sensaciones que produce la obra que pueden no ser tan definidas pero si contundentes.

Desde el 19 de Marzo hasta el 29 de Mayo, se puede visitar de lunes a viernes de 13 a 19 en Smart Gallery Av. Alvear 1580 PB.

@smartgalleryba @hernansalamanco

Acerca del artista:

Las obras de Hernán Salamanco (Argentina, 1974) resultan ineludibles. En un primer sentido, por su condición más obvia: son obras de gran formato en las que el tratamiento del color y del material elegido para expresarse, el esmalte sintético, y el juego de formas impactan de manera tal en el espectador que es imposible no detenerse y contemplarlas.

Surge aquí un primer ejercicio con estas obras, en las que lo exhuberante habilita otra mirada para el ojo inquisitivo que busque ir más allá de esta primera voz de alto impacto: un juego de sutilezas y de historias que se narran y que pronto entablan un diálogo e interpelan al espectador.

Como bien observó la escritora María Gainza al hablar acerca de este artista, “…a pesar de (o debido a) toda su espectacularidad, las pinturas de Salamanco son obras que se deslucen en la mirada al vuelo, pero que si uno aminora la marcha, o mejor aún, se detiene, comienzan a aparecer, lentamente, hasta volverse inolvidables”.

Y es que cuando el espectador se permite indagar más allá de esa primera mirada, en la que se enfrenta a una suerte de afiche pop de los que apenas captamos cuando desfilan ante nuestro ojos, a toda velocidad, al mirarlos desde la ventanilla de un auto o un tren en movimiento, surge una narrativa en la que el tiempo, en una trama rica e inesperada, se vuelve un protagonista  poderoso.

Hernán Salamanco pinta sobre carteles de chapa: carteles provenientes de la industria inmobiliaria; esos tan cotidianos e incorporados al paisaje urbano (“Vende” / “Alquila”) que casi no se ven. Hernán los vio, multiplicados hasta la incomodidad durante la crisis económica que atravesó a la Argentina en 2001-2002. El artista tomó estos carteles y los utilizó como bastidores: así, un tiempo de descalabro para la historia colectiva se reescribió a fuerza de arte, como un mensaje cifrado en una botella, que prometía (¿conjuraba?) que todo tiempo futuro sería (tal vez) mejor.

A ese primer acto del tiempo intervenido, se le suma la lectura del tiempo existencial del artista: en su obra aparecen los recorridos de su propia historia (las lecturas, libros e historietas; el cine, el arte, los paisajes habitados) y, de manera particular, la infancia. No sólo son los temas y objetos referidos de la infancia: ¿no hay algo de lúdico y festivo y fuertemente vital en este trazo intenso, a puro color, sobre una superficie que parece ilimitada? El tiempo de la vida que atraviesa la obra es, posiblemente, el segundo acto.

Y hay una tercera mirada del tiempo que transcurre y es un tiempo-intemperie, climático, orgánico. Hernán Salamanco pinta sobre estos carteles de chapa con esmalte sintético, materiales que resisten y desafían el paso del tiempo, la lluvia, el sol impiadoso de nuestros veranos, los cambios de estaciones, de luces, de temperaturas. Resisten, decimos, aunque no lo hacen sin contienda y sin sus propias heridas de guerras: la chapa que se ondula crea nuevas tonalidades y formas en la obra; los colores adquieren brillos inesperados y toda la obra adquiere una capacidad de diálogo y de interpelación con los espectadores que va variando y resignificándose a medida que pasa el tiempo.

En suma, no hay que dejarse engañar por la belleza poderosa del “color a primera vista” que proponen sus obras, un artista que maneja colores propias, que van del color más puro y destallante a todas las variantes  del gris negro y pasteles. Un búsqueda estética que involucra al espectador. Si permanecemos expuestos y expectantes a lo maravilloso, estas obras comenzarán a revelar la trama sutil del tiempo que se desliza en la formas, en los grises, en lo palpable y también en lo inasible de estas creaciones.

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