“Con la IA la burocracia es una elección, no una opción”
La Inteligencia Artificial (IA) es una tecnología que hoy aplica el mundo entero; su efectividad en el análisis y procesamiento de grandes volúmenes de datos permite alcanzar resultados más rápidos y eficientes, que supera en muchos aspectos el desempeño humano.
La capacidad de la IA para procesar gran cantidad de datos facilita la reducción de retrasos, la aceleración en los tiempos de respuesta, la disminución de costos, la gestión de recursos limitados, el desarrollo de tareas repetitivas y rutinarias, el mejoramiento de proyecciones y predicciones, y la ejecución de tareas dispendiosas, como la revisión de miles de documentos e informes para extraer contenido relevante.
Por su parte, desde Naciones Unidas alientan -a través de la OCDE- a la transición hacia gobiernos eficientes, sólidos y confiables a partir de la implementación de Estados inteligentes. Se trata de un esfuerzo colectivo, impulsado por políticas públicas que permitan desarrollar estrategias de transformación digital de gobierno, que puede ser parcial o total con el objetivo de aprovechar las tecnologías basadas en datos en beneficio de la ciudadanía.
La ausencia de políticas orientadas hacia una transición digital tiene consecuencias negativas sobre las entidades públicas y sus gestores que, según la OCDE, incluyen: “una pobre entrega de servicios en línea, bajo retorno a las inversiones públicas, brechas de seguridad y privacidad, daño en la imagen y percepción ante la ciudadanía y la consecuente pérdida de confianza”. Además del aumento de la burocracia en comparación con otras regiones o países.
La IA es un medio poderoso que perfecciona la eficiencia y la efectividad en diversos campos; nos ayuda en el procesamiento de datos, desde la medición de los caudales hidrográficos para definir la cota de las represas hidroeléctricas, analizar el volumen de nieves que se van derritiendo en la Cordillera de los Andes e incluso el seguimiento de expedientes de una Mesa de Entrada o trámites particulares en un Registro Civil. Esta tecnología está presente en miles de interacciones que realizamos actualmente, pero aún su implementación queda relegada para casos aislados o particulares. Los organismos municipales, provinciales y el Estado en su conjunto, tienen aún mucho camino por recorrer en su aplicación para acelerar los procesos y mejorar los resultados de las gestiones públicas, para avanzar hacia una gobernanza digital.
El potencial de uso de la inteligencia artificial incluye un avance en los procesos desde diversos aspectos, tales como:
– Automatización. La posibilidad de automatizar tareas repetitivas y rutinarias de manera eficiente permite ejecutar un alto volumen de trabajo de manera automática y sin necesidad de intervención humana.
– Precisión. A través de la implementación de algoritmos se pueden realizar tareas de altísima precisión, que un humano no podría ejecutar.
– Detección. Ante la posibilidad de error, la IA permite su detección automática y la generación de reportes para evaluar los motivos que lo generan. Así, es posible detectar al instante las filtraciones y fraudes.
– Predicción. La implementación de los datos y el uso estadístico a partir del procesamiento y análisis de información, facilita la toma de decisiones de manera anticipada, previniendo crisis y minimizando riesgos.
Por sus cualidades, la IA constituye una aliada fundamental siempre y cuando se implemente de manera ética y estratégica, teniendo en cuenta los desafíos y preocupaciones que plantea su uso en el sector público.
Ante la disponibilidad de este tipo de herramientas, la burocracia representa un hecho inaceptable para la ciudadanía. Es necesario trabajar en conjunto para garantizar que la implementación de la IA en las administraciones públicas sea justa, eficiente y efectiva, con el fin de lograr impactos sociales, económicos y ambientales positivos para el bienestar de todos.
* Por Lic. Pedro Reynoso, diplomado en Innovación Abierta y Director del Laboratorio de Innovación de CEDyAT.
