Cuatro bares y un cacho de cultura
Por Mariela Blanco
Hay personas a las que le da lo mismo entrarle al sándwich de parado en la ruidosa estación de tren con tal de lograr el objetivo vital que consiste en saciar el hambre.
Y hay otras que hacen del desayuno, del almuerzo, de la merienda y de la cena un culto, una ceremonia. Son los bon vivants, aquellos que disfrutan los placeres de la vida, especialmente la comida y la bebida. Los ultra ortodoxos, prefieren hacerlo en entornos confortables donde se respire arte, pausa y reflexión.
Vamos a recorrer cuatro esquinas “notables” donde el aroma a café recién molido juega a la ronda con los objetos que forman parte de la memoria colectiva nacional. Historia pura, a la carta, y una panzada cultural con tres medialunas de manteca.
El Colonial
Es un bar que permite respirar historia mientras se huele el aroma que sale del pocillo de café. Se encuentra ubicado a una cuadra de la “Manzana de la Luces”, en la esquina de Belgrano y Perú, una de las esquinas más importantes en la segunda Fundación de Buenos Aires por Juan de Garay. Este edificio conserva algunos ladrillos de la época colonial, hechos con barro y paja secados a horno. Abrió sus puertas, a principios del siglo XX, como almacén-bar. Se puede ir a leer clásicos nacionales. Tiene espíritu de cafetín y ha sido escenario de varias películas del cine argentino como “Nueve Reinas” o “La hora de los hornos” de Pino Solanas. El Colonial es, definitivamente, el espacio para alimentar panza y alma ya que brinda la posibilidad de tomar de las estanterías un buen libro mientras se degusta el mejor bife de lomo a punto con guarnición.
Celta Bar
Celta Bar fue refaccionado durante un año con sus características de bodegón porteño. Por su uso cultural puede clasificarse como “café concert”. Está ubicado en la esquina de Sarmiento y Rodríguez Peña. Sirvió como escenario para presentaciones de poesía, teatro y conciertos en vivo con músicos como Javier Malosetti, Luis Salinas y Miguel Botafogo. Se observan retratos de músicos notables, paquetes de antiguos jabones y yerbas, chapas de publicidades de los años 50’, cajones de reparto y frascos con conservas son parte de las misceláneas que hacen a la identidad del bar. Un chopp de sidra tirada en una de las mesas de madera junto a la ventana guillotina amerita una selfie y buena compañía.
La Poesía
Este café ubicado en Chile al 500 es un oasis que invita al tsunami de ideas, lo cual lo vuelve el lugar indicado para escritores, productores y artistas. En sus mesas, además, se inició una gran historia de amor ya que allí se conocieron el poeta y letrista de tango Horacio Ferrer y la artista plástica Lucía Michelle. Y luego, tiene alma de museo. Entre los objetos mas pintorescos se destacan los muebles de madera, una chopera de bronce, un piano de 1915, una colección de latas, sifones y una fotogalería con imágenes de mas de cien referentes de nuestras letras. La Poesía es sinónimo de inspiración a cualquier hora del día. Un buen parroquiano no se perdería a la hora del vermú “Melodía de arrabal” (Hesperidina, vermut rosso y tónica)
Bar de Cao
Este edificio construido en 1915 está lleno de mitos. Hay quienes sostienen que tuvo pasado de fonda, pulpería o vivienda. Las certezas empiezan en los años 20 con la familia Cao, oriunda de Asturias, que funda allí un negocio próspero: un almacén con despacho de bebidas llamado “La Armonía”. El renovado Bar de Cao es desde el año 2002 un espacio de encuentro y rituales (el vermú a media mañana, la sobremesa sin apuro, el truco de la tarde, la charla sobre la vida, un tango canción, un fileteado colorido). Las huellas de los Cao está presente en paredes, muebles y vitrinas de su viejo almacén. Toda esta imaginería centenaria te entra por los ojos (de entrada) pero la tablita combinada de salame de chacra y queso fontina podría ser el plato principal en este notable ubicado en Independencia y Matheu.
