El Diego de la palabra
Horacio cautivaba y cultivaba en sus clases de la Facultad de Ciencias Sociales: las aulas desbordaban porque, como un flautista de Hamelin que conducía al auditorio a través de su sabiduría, como un Maradona con la pelota, era un profesor que enseñaba a pensar. Con sus libros, iniciativas políticas, intervenciones públicas, causas militadas formó a generaciones “gonzalianas” de intelectuales, dice Micaela Cuesta. Despedida al maestro de la humildad, la picardía, la amabilidad y la generosidad.
Fuente: Télam
