Llámame por mi nombre
Las residencias para personas mayores oscilan entre las tarifas impagables y los emprendimientos clandestinos con condiciones indignas para quienes allí viven encerrados. Y en general funcionan gracias a la extenuación laboral femenina. Sin embargo, están más vigentes que nunca porque son el paliativo para una paradoja todavía irresuelta: la carrera por alargar la vida se acelera mientras las formas comunitarias están estalladas.
Fuente: Télam
